- XXXIV - El exceso de nuestras ambiciones que a sojuzgarlo todo se abalanza, cuando le desengaña la tardanza a dominar se vuelve las pasiones. Y despreciando vanas pretensiones a límite reduce la esperanza, mortifica la ciega confianza, y a la Virtud dirige las acciones. Pues debe con el arte socorrerse siendo dificultoso de extinguirle, cultívele solícito cuidado. Quien no pudo vencer, pueda vencerse, quien no pudo adquirir, sepa medirle, y quien no fue dichoso, sea templado.