- XXXVI - Amada soledad testigos mudos de la tranquilidad de mis cuidados, en estos Climas de rigor armados, de todo afecto de ambición desnudos. Pues de la libertad son ciegos nudos las lucidas lisonjas de los Hados, en mi favor los juzgo declarados cuando se representan más sañudos. De vuestras persuasiones instruido que no tienen los prósperos sucesos, en la felicidad parte ninguna. Desestimando todos tus excesos a la moderación sola le pido cuanto suelo pedirle a la Fortuna.