- XVI - Miré un laurel, cuyo desdén sagrado, de espesa rama, Apolo no vencía. Allí para el desdén Dafne aún vivía y a Febo aún no perdona su cuidado. ¿Qué mucho que mi amor desengañado ensordezca a experiencias cada día, si presta ejemplo un dios a mi porfía y vive lo difunto a lo adorado? Más quiere Apolo a Dafne con firmeza, aunque imposible, que la quiso viva con la inconstancia que temida lloro. Tanto quisiera, oh Fili, en tu belleza, verla tal vez amante, y tal esquiva, que por constante aun desdén adoro.