- LVII - Culpa, Celia, tu error y no tu daño; única te formó naturaleza. Pues dime, ¿por qué quiere tu belleza darte segunda con tan nuevo engaño? No se rompió el espejo, no, y extraño que eche menos tu vista su entereza; cristal era no más; agora empieza a ser espejo desde el desengaño. Tu retrato en retratos dividido en una parte muere, en otra alcanza a merecerte en más copioso empleo. Aquí queda mi error más advertido, pues cuando hieres más a mi esperanza hidra inmortal renace mi deseo.