- XL - Sceva, después de la postrera herida con que dejó su fama rubricada, así vendió su muerte, así su espada, ya que compró su gloria con su vida. «¿No hay quien lleve -exclamó- de mi caída la nueva a mi contrario deseada? Porque siento el morir obrando nada; importe yo difunto, u homicida.» Dijo, y prendióle crédulo un soldado, cuando el aliento con que ya expiraba Sceva gastó en matar al atrevido, diciendo: «Moriré, pero vengado de la injuria de aqueste que pensaba que, aun muriendo, me pudo ver rendido.»