- LV - Ya de puro dolor, dolor no siento, que es ya naturaleza mi cuidado, y a los males estoy tan enseñado que temo más la dicha que el tormento. Sobra el desdén y basta el pensamiento para acabar un pecho enamorado, que el que aguarda a morir de desdeñado piadoso tiene el propio sentimiento. Muere y renace amor en unos ojos más veces que su luz el sol advierte, ya viva en oro, en sombra ya teñida. Mas, ¡ay amor!, disculpo tus enojos; que, si para vivir me das la muerte, ¡pregunto para qué has de darme vida!