- LXIX - ¿Quién es, Gaspar ilustre, el que fallece: tú en tu dolor o tu fatal hermano? El no murió, porque con bulto vano tu pálida memoria nos le ofrece: tú no, porque en tu oriente resplandece la luz de un sol que anocheció temprano. ¡Oh, cuánto miente lo que dura humano, pues del achaque de nacer fenece! Dichoso aquel que a cuenta de su fama (no de sus años) vive, y se aconseja en que a ser inmortales respiramos. ¡Oh envidia (bien que lástima se llama), llorar al que nos falta, porque deja de ser lo mismo porque le lloramos!