- XXIII - Dos naufragios se oponen igualmente a aquella que en beldad venció a Narciso, cuando en las aguas imitarle quiso, dando a sus soles líquido occidente. Licio la ve en el mar menos presente que en sí, donde arde en golfo más preciso. Siente no socorrerla, ¡oh ciego aviso!, donde la mira y no donde la siente. Mas, Licio, bien tu afecto se gobierna; donde puede morir no darla ayuda siente su amor, no siente como ciego. Que en tu pecho, aunque ardiente, será eterna; en agua sí que vivirá con duda, porque no hay fénix de agua y le hay de fuego.