- LX - ¿Qué engaños, Celia, qué locuras mueve un ciego error, y loco más que ciego, si, cuando yo compito con el fuego, estudias exceder la blanca nieve, si el oro vago das al viento leve, cuando a su error mi libertad entrego, o apuestas con la vid lasciva luego reduciéndole a tanto anillo breve? Guárdate, no la víbora severa de edad futura la de agora rompa, antes que el fruto de tu abril ignores. ¿No te rieras de la primavera, si nos negase con inútil pompa los frutos, por gozar siempre las flores?