- L - Oh tú, que el polvo amado mudamente prescribes, duro origen de mi llanto, ya que la muerte te autoriza tanto, cómo sabes mi aplauso, cómo siente, cuenta a Lisi mi amor; ya no consiente desdén injusto su destino santo. Pierda tu condición, oh mármol, cuanto el desdén suyo tu dureza miente; nuestras cenizas une, logre en esto nuevo triunfo la muerte de la vida: final me admite efecto de sus ojos. Si a tu silencio, sólo por funesto, el bulto se debió de mi homicida, ¿cuánto más te merecen mis despojos?