- XXIV - Filis, en cuyo amante muerte fiera robó más alma que dejó a su vida, y de su esposo la mortal herida en huérfanas reliquias hoy venera, vio un retrato, una imagen lisonjera, de verdadero amor sombra fingida, y, en viéndola, a consuelo introducida, conoció no ser alma verdadera. Escrupulosa en ver que se divierte, «¡Ay! -dijo-, amante amado, no me atrevo a ver tu sombra, pues de ti me privo. Tan toda el alma concedí a tu muerte que ya no he de poder sentir de nuevo ni aun el dolor de no mirarte vivo.»