- XXVII - Gerardo, quien su engaño repetido gime, aunque gima presto en mil horrores, merece el sol de eternos resplandores, a favor de la noche de su olvido. Mas, quien no rompe fueros al sentido en vano pide al cielo sus favores; que el fuerte auxilio de vencer errores suele tardar, cuando ha de ser perdido. ¡Qué importa que yo diga que navego al puerto que conduce el desengaño, si el alma oculta ídolos ahora! Mas, ¡ay señor!, que si el error es ciego, supo perder la vista, que fue daño, porque abre más los ojos cuando llora.