- LI - Al viento su esperanza y su porfía, siguiendo Apolo a Dafne, encomendaba; el miedo, con que el paso aceleraba, su blanco pie de plumas guarnecía. De su madeja el oro reducía el viento a rayos con que al Sol flechaba, mientras amor, injusto, preparaba la victoria mayor a quien huía; cuando la ninfa exclama al padre undoso, y, humanando un laurel, halla venganza del Sol en el auxilio de Peneo. «¡Ay! -dijo Apolo al árbol desdeñoso-, ¿por qué, si en ti fallece mi esperanza, verde imagen te ofreces al deseo?»