- LXXI - Habla, bulto animado, no tu esquivo silencio a tu moderno padre ofenda; déjame hablar a mí porque se entienda cuál el pintado es o cuál el vivo. Tú no sientes, ni yo, puesto que vivo de dar a mi dolor la infausta rienda. Tú callas, yo también, aunque me encienda un ardor en que muero y me concibo. Nada tu bulto de mi bulto ignora; firme semblante ofreces y no acaso, porque retratas mi contraria suerte. ¡Oh arbitrio del amor, formar agora otro yo que padezca lo que paso por negarme el alivio de la muerte!