- XLVIII - Entonces vivo, porque muero, cuando me enseña amor a más morir, viviendo; que no es pena el morir, es vida, habiendo morir que se dispone, no acabando. Morir procura amor, siéndole blando fin, que no ha de ser fin; y feneciendo se construye más vida, pues naciendo nada se inmortaliza, sino amando. En este, pues, hilado laberinto, fiscal y actor a un tiempo de mi vida, en última la enseño a ser primera. Muerto, sí, me verán, mas no distinto; dará a su muerte ser quien fue, no siendo, si al fin mi ser no ser entonces era.