A un álamo enfriado del invierno, motivo, la eternidad de las penas Álamo, Águila ojosa que volaste al Sol, Ícaro ver de que caíste al Prado, y a la Fuente en que naciste, ya de tus plantas fugitivo engaste. Si a dar lisonja al viento levantaste la pompa, en la lisonja la perdiste; esperas, al Verano que te viste, las galas que el Diciembre no lograste. Tronco eres hoy, y Adonis floreciente serás de Abril, que en esta confianza te pretende la Sombra, el Prado, y Fuente. Y sólo en mí es eterna la mudanza; de un mal en otro sucesivamente, que debo ser ejemplo, y no esperanza.