Soneto Ya el corazón (Señor) vive violento entre las sinrazones del pecado, y más que de gustoso de dejado, está para la enmienda sin aliento. Muy cerca miro de arrepentimiento; (o me lo finge mi discurso errado) este temor preciso, y destemplado, que se mezcla en las horas del contento. Ya siento una ignorada resistencia al cometer de errores tanta copia; y aunque esto es circunstancia, y no disculpa. Sálgame a recibir vuestra clemencia, que si me lleva a vos mi culpa propia, no habéis de hacer vos menos, que mi culpa.