A Píramo y Tisbe El cendal de que Tisbe se despoja, Píramo advierte y reconoce atento, y creyendo por él su fin violento, sobre su acero intrépido se arroja. En brazos ya de la postrer congoja vio Tisbe al alma de su pensamiento, y por mezclar su aliento con su aliento, sólo la duda de morir la enoja. «Espera a quien te adora.» Tisbe clama, al penetrarse el pecho enamorado, y unieron las dos almas desta suerte. ¡Oh siempre injusto amor! ¿quién no te infama? Que la deuda a que estabas obligado, fue menester cobrarla con la muerte.