A la muerte del Almirante de Castilla Aquel que lleno el Orbe con su aliento, yace despojo de la muerte fiera, y de esta helada, si legal hoguera, es estrecha inscripción el vago viento. No te acerques, o huésped, poco atento, a este polvo, que el tiempo le venera, su nombre escucharás adonde quiera, delito es fatigar el monumento. Triunfos incluye aquí, sordo el destino, a quien la vista humana no se atreve, y la fama inmortal los eterniza. Pero ya que viniste, o peregrino, descubre sin temor el mármol breve, que aun le dura el agrado a la ceniza.