A la muerte del excelentísimo señor Almirante de Castilla Esta corona de triunfante grama, que adorno fue del Héroe más valiente, y ya funesto ciñe dignamente las invisibles sienes de su fama. Este solio, que en sombras se derrama, y en dos imperios se miró luciente. Esta fe que se arroja irreverente sobre la muerte religiosa llama; glorias fueron de aquel a quien amaste, España, y en su pecho le tuviste, y aquí yace su luz sin ejercicio. ¿O muerte, para qué lo ejecutaste? ¿O cielo, para qué lo permitiste? O amor, llora no más, que este es tu oficio.