Del Burlador, académico argamasillesco, a Sancho Panza Del Quijote, Primera parte, capítulo LII Sancho Panza es aquéste, en cuerpo chico, pero grande en valor, ¡milagro extraño! Escudero el más simple y sin engaño que tuvo el mundo, os juro y certifico. De ser conde, no estuvo en un tantico, si no se conjuraran en su daño insolencias y agravios del tacaño siglo, que aun no perdonan a un borrico. Sobre él anduvo -con perdón se miente- este manso escudero, tras el manso caballo «Rocinante» y tras su dueño. ¡Oh vanas esperanzas de la gente! ¡Cómo pasáis con prometer descanso, y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño!