De La Galatea, Libro V, Silerio Ligeras horas del ligero tiempo, para mí perezosas y cansadas: si no estáis en mi daño conjuradas, parezcaos ya que es de acabarme tiempo. Si ahora me acabáis, hareislo a tiempo que están mis desventuras mal colmadas; mirad que menguarán si sois pesadas, que el mal se acaba si da tiempo al tiempo. No os pido que vengáis dulces, sabrosas, pues no hallaréis camino, senda o paso, de reducirme al ser que ya he perdido. ¡Horas a cualquier otro venturosas! ¡Aquella dulce del mortal traspaso, aquella de mi muerte sola os pido!