Del Quijote, Primera parte, capítulo XXXIV, Lotario a Anselmo Yo sé que muero, y no soy creído; es más cierto el morir, como es más cierto verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto antes que de adorarte arrepentido. Podré yo verme en la región de olvido, de vida y gloria y de favor desierto, y allí verse podrá en mi pecho abierto cómo tu hermoso rostro está esculpido. Que esta reliquia guardo para el duro trance que me amenaza mi porfía, que en tu mismo rigor se fortalece. ¡Ay de aquel que navega, el cielo oscuro, por mar no usado y peligrosa vía, adonde norte o puerto no se ofrece.