De La Galatea, Libro II, Erastro Ante la luz de unos serenos ojos que al sol dan luz con que da luz al suelo, mi alma así se enciende, que recelo que presto tendrá muerte sus despojos. Con la luz se conciertan los manojos de aquellos rayos del señor de Delo: tales son los cabellos de quien suelo adorar su beldad puesto de hinojos. ¡Oh clara luz, oh rayos del sol claro, antes el mesmo sol! De vos espero sólo que consistáis que Erastro os quiera. Si en esto el cielo se me muestra avaro, antes que acabe del dolor que muero, haced, ¡oh rayos!, que de un rayo muera.