De La ilustre fregona Raro, humilde sujeto, que levantas a tan excelsa cumbre la belleza, que en ella se excedió naturaleza a sí misma, y al cielo la adelantas; si hablas, o si ríes, o si cantas, si muestras mansedumbre o aspereza (efecto sólo de tu gentileza), las potencias del alma nos encantas. Para que pueda ser más conocida la sin par hermosura que contienes y la alta honestidad de que blasonas, deja el servir, pues debes ser servida de cuantos ven sus manos y sus sienes resplandecer por cetros y coronas.