Del Quijote, Primera parte, capítulo XXVII, canta Cardenio Santa amistad, que con ligeras alas, tu apariencia quedándose en el suelo, entre benditas almas en el cielo, subiste alegre a las empíreas salas, desde allá, cuando quieres, no señalas la justa paz cubierta con un velo, por quien a veces se trasluce el celo de buenas obras que, a la fin, son malas. Deja el cielo ¡oh amistad!, o no permitas que el engaño se vista tu librea, con que destruye a la intención sincera; que si tus apariencias no le quitas, presto ha de verse el mundo en la pelea de la discorde confusión primera.