De La Galatea, Libro II, Damon Más blando fui que no la blanda cera, cuando imprimí en mi alma la figura de la bella Amarili, esquiva y dura cual duro mármol o silvestre fiera. Amor me puso entonces en la esfera más alta de su bien y su ventura; y ahora temo que la sepultura ha de acabar mi presunción primera. Arrimose el amor a la esperanza cual vid al olmo, y fue subiendo aprisa; mas faltole el humor, y cesó el vuelo: no el de mis ojos que por larga usanza, fortuna sabe bien que jamás cesa de dar tributo al rostro, al pecho, al suelo.