En el Quijote de , Primera parte, capítulo XXXIV, con variante en La casa de los celos, Jornada tercera, LAUSO En el silencio de la noche, cuando ocupa el dulce sueño a las mortales, la pobre cuenta de mis ricos males estoy al cielo y a mi Clori dando. Y al tiempo cuando el sol se va mostrando por las rosadas puertas orientales, con suspiros y acentos desiguales voy la antigua querella renovando. Y cuando el sol, de su estrellado asiento derechos rayos a la tierra envía, el llanto crece y doblo los gemidos. Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento, y siempre hallo, en mi mortal porfía, al cielo, sordo; a Clori, sin oídos.