Del caprichoso, discretísimo, académico de la Argamasilla, en loor de «Rocinante», caballo de don Quijote de La Mancha Del Quijote, Primera parte, capítulo LII En el soberbio trono diamantino que con sangrientas plantas huella Marte, frenético el manchego su estandarte tremola con esfuerzo peregrino. Cuelga las armas y el acero fino con que destroza, asuela, raja y parte: ¡nuevas proezas!, pero inventa el arte un nuevo estilo al nuevo paladino. Y si de su Amadís se precia Gaula, por cuyos bravos descendiente Grecia triunfó mil veces y su fama ensancha, hoy a Quijote le corona el aula do Belona preside, y de él se precia, más que Grecia ni Gaula, la alta Mancha. Nunca sus glorias el olvido mancha pues hasta «Rocinante», en ser gallardo, excede a Brilladoro y a Bayardo.