De Persiles y Sigismunda, Libro II, capítulo III Cintia, si desengaños no son parte para cobrar la libertad perdida, da riendas al dolor, suelta la vida, que no es valor ni es honra el no quejarte. Y el generoso ardor que, parte a parte tiene tu libre voluntad rendida, será de tu silencio el homicida cuando pienses por él eternizarte. Salga con la doliente ánima fuera la enferma voz, que es fuerza y es cordura decir la lengua lo que al alma toca. Quejándote, sabrá el mundo siquiera cuán grande fue de amor tu calentura, pues salieron señales a la boca.