De El rufián arrepentido Maestro era de esgrima Campuzano, de espada y daga diestro a maravilla, rebanaba narices en Castilla y siempre le quedaba el brazo sano. Quiso pasarse a Indias un verano, y vino con Montalvo el de Sevilla; cojo quedó de un pie de la rencilla, tuerto de un ojo, manco de una mano. Vínose a recoger aquesta ermita con su palo en la mano, y su rosario, y su ballesta de matar pardales. Y con su Magdalena, que le quita mil canas, está hecho un San Hilario. ¡Ved cómo nacen bienes de los males!