- XIX - Tráeme amor de pensamiento vano a cuidado y enojo verdadero, y muéstrame el comienzo hacedero y todo inconveniente muy liviano. Y si con él me veo mano a mano, hallole ser de mí tan extranjero, que él, que parecía más ligero, me parece pesado y inhumano. Yo me vi tan metido en la celada, que deseé pagarlo con la vida; mas el alma, que fuera de sí estaba, como para la muerte hay salida, volviese a comenzar otra jornada; mas esta para mí nunca se acaba.