- LVI - Demócrates, deléitate y bebamos, que para siempre no hemos de durar, ni puede para siempre nadie estar en esta vida en que ahora holgamos. Y pues perdemos cuanto acá dejamos, con ungüento oloroso nos untar y guirnaldas la frente coronar se procure, que al fin al fin llegamos. La honra que merece la mortaja quiero me la yo hacer en este mundo y remojarme en cuanto vino sé; que si de acá me llevo esta ventaja, cuando después llegare en el profundo, ahógueme el diluvio de Noé.