- XXXII - Gracias te pide, Amor; no las merece quien te las pide; ni tanto bien espera, sea limosna o sea piedad siquiera, y sea a la ocasión que ahora se ofrece. Cualquiera beneficio mengua o crece con el lugar, el tiempo y la manera; pero la diferencia verdadera es dar y socorrer a quien padece. Lo que una vez la fuerza o la destreza no pueden acabar, aquello mismo acaba una palabra descuidada. Señora, considera tu grandeza y el tiempo: que ahora puedes con nonada levantarme del hondo del abismo.