- VI - A un devoto Dentro de un santo templo un hombre honrado con grave devoción rezando estaba; sus ojos hechos fuentes enviaba mil suspiros del pecho apasionado. Después que por gran rato hubo besado las religiosas cuentas que llevaba, con ella el buen hombre se tocaba los ojos, boca, sienes y costado. Creció la devoción, y pretendiendo besar el suelo al fin, porque creía que mayor humildad en esto encierra, lugar pide a una vieja; ella volviendo, el «salvo honor» le muestra, y le decía: «Besar aquí, señor, que todo es tierra».