- XLI - Mil veces callo, que mover deseo el cielo a gritos, y mil otras tiento dar a mi lengua voz y movimiento, que en silencio mortal yacer la veo. Anda cual velocísimo correo por dentro el alma el suelto pensamiento, de llanto y de dolor lloroso acento, y casi en el infierno un nuevo Orfeo. No tiene la memoria a la esperanza rastro de imagen dulce o deleitable con que la voluntad viva segura. Cuanto en mí hallo es maldición que alcanza muerte que tarda, llanto inconsolable, desdén del cielo, error de la ventura.