- IV - Dícenme, Don Jerónimo, que dices, que me pones los cuernos con Ginesa; yo digo que me pones cama y mesa; y en la mesa, capones y perdices. Yo hallo que me pones los tapices cuando el calor por el octubre cesa; por ti mi bolsa, no mi testa, pesa, aunque con molde de oro me la rices. Este argumento es fuerte y es agudo; tú imaginas ponerme cuernos; de obra yo, porque lo imaginas, te desnudo. Más cuerno es el que paga que el que cobra; ergo, aquel que me paga, es el cornudo, lo que de mi mujer a mí me sobra.