- XXXIX - Salid lágrimas mías, ya cansadas de estar en mi paciencia detenidas, y siendo por mis pechos esparcidas, serán mis penas tristes mitigadas. De mil suspiros vais acompañadas, y por tan gran razón seréis vertidas, que si mi vida dura por mil vidas, jamás espero veros acabadas. Y si después, llegando el final día, do por la muerte dejaré de veros, hallase algún lugar mi fantasía, el alma, que aun en muerte ha de quereros, a solas sin el cuerpo lloraría lo que en vida ha llorado sin moveros.