- L - Cortada sea la mano que te diere puñada o mojicón, aunque más digas; y pues que a ti misma no castigas, castíguete el demonio si pudiere. Encima de mis ojos lluevan higas; haga vuestra merced cuanto quisiere, que torne cualquier mal que me hiciere, por remuneración de mis fatigas. Puta vieja, traidora y hechicera, no hay paciencia tan baja que no sea virtud, aunque me arrastres por el suelo. Quien quiebra la vasija en que se mea, ¡cuánto mejor hacedle un vasera de escarlata, damasco o terciopelo!