- XVII - Señora, la del arco y las saetas, que anda siempre cazando en despoblado, dígame, por su vida, ¿no ha topado quien le meta las manos a las tetas? Andando entre las selvas más secretas corriendo tras un corzo o venado ¿qué no ha habido un pastor desvergonzado que le enseñe el son de las gambetas? Hará unos milagrones y asquecillos diciendo que a una diosa consagrada nadie se atreverá, siendo tan casta. Allá para sus ninfas eso basta, mas acá para el vulgo ¡por Dios, nada! que quienquiera se pasa dos gritillos.