- XLVIII - ¡Oh carnero muy manso, oh buey hermoso! manso trabajador siempre contento, de tu mujer trazada y paramento, mastín blando al que viene deseoso. No se dirá por mí que hombre celoso, que bravo, que feroz, y que sangriento, destocado al sereno en grande asiento, oyes de tu vecino el mal ocioso. El que dentro tu casa está encerrado, contemplando tus hechos y renombre, dice: «¡Vivas mil años, padre honrado! Que si todo el correr que está en tu nombre a tus pies por natura fuera dado, pudiéramos llamarte ciervo y hombre».