- LV - Jorge, que fui ladrón hasta una paja, en memoria de mi arte y suficiencia, a la puerta consagro de esta Audiencia este dedal de plomo, esta navaja. Nunca entre noche y día hice ventaja, ni entre manga y bragueta diferencia; cualquier bolsa me daba la obediencia, inclinábase a mí cualquier alhaja. Teniendo tanta honra ya ganada, no hay para que hollar pisadas viejas ni andar del blanco al negro salpicando. Recójome, aunque tarde, a la posada, contento con dejar ambas orejas, por no quedar al sol bamboleando.