- LII - Preciábase una dama de parlera, y mucho más de grande apodadora, y encontrando un galán así a deshora, sin conocerle ni saber quién era, le dijo, en ver su talle y su manera: «Parecéis a San Pedro», y a la hora riose muy de gana la señora, como si al propio aquel apodo fuera. Volvió el galán, y vio que no era fea, y en el punto que allí se ve quien sabe, le respondió con un gentil aviso: «Mi reina, aunque San Pedro yo no sea, a lo menos aquí traigo la llave con que le podré abrir su paraíso.