- III - Tras los rosados de mi Lyda hermosa rindió el amor tus labios de corales, que si por dignos no, por serviciales merecieron lograr suerte amorosa. A quien les concedió la edad briosa vibrar centellas a su llama iguales, que a un tiempo hicieron desgajar cristales de coral a coral, de rosa a rosa. Y tal la suavidad fue de este empleo, que el gusto apenas hizo breve ausencia, cuando Lyda volvió con voz sucinta, Y dijo: ¡o dulce bien de mi deseo! si tal gusto nos da tu prima esencia, ¿qué gloria no dará su esencia quinta?