Soneto VIII En este vaso, que forjó Vulcano, obra por cierto de mi buen deseo, brindis, Anacreón, que ya te veo abrir la boca y extender la mano. Que mucho pues que del cabello cano trueques en rojo el venerable aseo, lozano viejo estás; sin duda creo, que sólo el brindis te volvió lozano. Pues ola, en tanto que esta breve vida del carro imita las veloces ruedas tú de Bathylo; yo de Philigrave. Al dulce dueño de esta vid florida encomendemos la pasión suave: que todo es sueño cuando amar no puedas.