Soneto XI Deseos que salís por mi ventura, no cual espurios, no cual naturales, sino legitimados en mis males y al fin nacidos de ocasión segura. Puesto que os di por madre su hermosura y por padre, mis ojos manantiales que desde que vivís andan mortales, y no sin accidentes de locura. Haced que viva, con haced que os hiera una suave posesión lasciva; que si se trueca entre los dos la fuerte, mi dicha será, Phenix, sin que muera. Pelícanos vosotros, por quien viva, y víbora yo mismo, que os de muerte.