- CXLIX - Llegue el dolor, si puede crecer tanto, a desatar esta secreta llaga que no me deja reposar, y haga ante quien temo el justo oficio el llanto; que cuando descubriere de ello cuanto mostrar se debe a quien tan mal se paga de mi mal, podrĂ¡ ser que se deshaga la sombra del peligro y de mi espanto. Si no, escondido en esta oscura niebla acabe a gusto ajeno, mas de suerte que falte del remedio la esperanza; porque quien siempre yace en la tiniebla no espere ver la luz sino en la muerte; que la gloria de amor tarde se alcanza.