- CXXIV - El corazón huido busco y llamo; el do el rigor esfuerza el duro hielo entra, y sin miedo pisa estéril suelo; yo, esquivando el dolor, mis males amo. Las lágrimas y quejas que derramo no vencen su porfía, y sin recelo allí se pierde, y no osa alzar el vuelo, y su obstinado error al fin desamo. No por que tema ya peligro alguno; que no doy más lugar a miedo cierto, ni admito en tanto afán remedio vano; mas porque es poquedad ser importuno a un lento pecho, y ser más precio muerto que esperar la salud de ingrata mano.