- LXXVI - Alma bella, que en este oscuro velo cubriste un tiempo tu vigor luciente, y en hondo y ciego olvido gravemente fuiste escondida, sin alzar el vuelo; ya despreciando este lugar, do el cielo te encerró y apuró, con fuerza ardiente, y roto el mortal nudo, vas presente a eterna paz, dejando en guerra el suelo. Vuelve tu luz a mí y del centro tira al ancho cerco de inmortal belleza, como vapor terrestre levantado, este espíritu opreso, que suspira en vano por huir de esta estrecheza, que impide estar contigo descansado.