-CLII- No puedo sufrir más el dolor fiero ni ya tolerar más el duro asalto de vuestras bellas luces, antes falto de paciencia y valor, en el postrero trance, arrojando el yugo, desespero, y por do voy huyendo el suelo esmalto de lazos rotos, y levanto en alto el cuello osado y libertad espero. Mas ¿qué vale mostrar estos despojos y la ufanía de alcanzar la palma de un vano atrevimiento sin provecho? El rayo, que salió de vuestros ojos, puso su fuerza en abrasar mi alma dejando casi sin tocar el pecho.